Quién primero descubrió el perro fue Harold Koldall, el segundo oficial del Hanley, buque de carga de la Linea Admiral-Oriental, era uno de los cinco barcos que estaban cargando en los muelles del gobierno en el puerto de Vancouver, en Colombia Británica, Canadá, el 28 de Abril de 1922. Inspeccionando las amarras,
Kildall vió que un gran terrier de suave pelo blanco con manchas negras, subía a bordo por uno de los planchones de carga. Una vez en el puente, se quedó perfectamente quieto mirando en torno y parando las orejas a todo lo que ocurría a bordo.
Luego olfateó un cargamento de madera recién aserrada y unos sacos de granos que se estaban cargando en la última bodega. En seguida regresó a tierra, para subir al buque siguiente, que estaban cargando de manzanas y madera de abetos para Inglaterra. Allí el terrier hizo lo mismo: olfateó la carga, anduvo por los puentes y los camarotes, y lentamente regresó a tierra.
La inspección que hacía el perro era tan calculada y a propósito que despertó la atención de Kildall. Observó este que el perro subía al tercer buque, que estaba cargado con pulpa de papel para los puertos del Atlántico. Y así, por turno, el perro fue visitando los demás barcos, y examinándolos de igual modo. Después de esto, atareado con los preparativos para hacerse a la mar, Koldall olvidó el asunto. A mediodía el Hanley zarpó rumbo a Japón.
Temprano a la mañana siguiente, el perro apareció echado en un tapete de coco a la entrada del camarote del Capitán. Sin ser visto,había subido de nuevo y se había icultado al zarpar. El Capitán que era muy amigo de los perros, lo trató con cariño, pero el animal no se mostró muy caluroso para corresponderle. Kildall y algunso otros trataron de ganarselo igualmente, pero con todos se mostró el perro dignamente frio. Se limitó a recorrer el puente del Capitán y olfatear el aire salado.
Aquella misma mañana, cuando Kildall bajó a comer, el perro le siguió y se detuvo en la puerta de la cocina, a la expectativa. El cocinero le alargó unos bocados, pero el perro comió como si tuviera derecho a ellos. Cuandp Kildall trepó al puente para hacerse cargo de la guardia, el perro lo siguió de cerca, cruzó la casillla del piloto, dió una vuelta por la casilla de derrota, a saltos trepó la escalera para llegar al puente de observación y se colocó al lado de la bitácora. Aparentemente satisfecho, se hecho a su amaño en un rincón. Era evidente por su actitud que el perro polizón era veterano marino.
Durante 15 días el Hanley navegó por el Norte del Pacífico. Día tras día los oficiales y tripulantes trataron de ganarse la confianza del perro, pero éste se obtinaba en permanecer esquivo. Se dejaba acariciar la cabeza, pero no correspondía con ningún afecto. Cuando no iba con Kindall a hacer la guardia, se echaba a la puerta del camarote del Capitán, y bajaba al puente inferior a la hora de comida.
Cuando la costa de Honshu estuvo a la vista, el perro polizón olfateó el aire de tierra y observó atentamente la proximidad de la costa. Su interés fue creciendo en cuanto el Hanley se acercó a los rompeolas de Yokohama para fondear cerca del muelle de la aduana, allí la nave quedó entre otros buques que estaban descargando.
Mientras Kindall ditigía las maniobras de descarga, observó que el perro estaba visiblemente alerta, moviendo de cuando en cuando la cola y olfateando nerviosamente mientras fisgaba las otras naves. La más cercana de todas era el Simaloer de la Linea Holandesa que, lo mismo que el Hanley, iba a descargar madera en el puerto japonés.
En cuanto el Hanley viró con la marea, de modo que la popa quedó en dirección al buque holandés, la distancia entre las dos naves se redujo a unos 300 metros. Al momento el interés del perro se concentró en el Simaloer. Corrió a situarse en el punto más saliente de la popa, y olfateó el aire con rara excitación.
Estaba observandolo Kindall cuando un sampán se aproximó al costado del Simaloer, tomó a dos hombres de a bordo, despegó y comenzó a moverse en dirección a los edificios de aduana, de modo que tuvo que pasar muy cerca de la popa del Hanley.
El perro seguía estas maniobras como sollozando. De pronto comenzó a saltar a un lado y a otro como enloquecido, ladrando con una exitación salvaje. Esto hizo que despertara la atención de los hombres del sampán. Cubriéndose los ojos con las manos para protegerse del sol, observaron la popa del Hanley.
En ese momento uno de ellos dió un salto, comenzó a gritar y a agitar los brazos, haciendo señas al remero del sampán y dándole una palmada su compañero en la espalda. Su excitación estaba de acuerdo con la del perro. En cuanto el sampán pasó cerca de la escalera de desembarco del Hanley, el perro ya no pudo contener su alegría y saltó al agua. El hombre que gritaba lo hizo subir al sampán y lo abrazó, empapado y todo como estaba. El perro aullaba sollozante de alegría y le lamía la cara. Era claro que se habían reunido el perro y el amo.
El encuentro del perro polizón y de su dueño felíz vino a ser el tema de conversación de los tripulantes de ls dos naves. Entonces se supo que el perro se llamaba Héctor. Su dueño era W.H.Mante, Segundo Oficial del Simaloer, que tenía en esa nave las mismas obligaciones y guardias de Kildall en el Hanley.
En Vancouver el Simaloer había cambiado de atracadero y se había apartado de los muelles del gobierno para abastecerse de carbón, mientras Héctor gozaba de un poco de libertad antes de emprender el largo viaje, Mante lo buscó por todas partes en los muelles, inutilmente, y el Simaloer hubo de zarpar definitivamente sin el perro.
¿Que misterioso instinto hizo que Héctor, metódicamente, fuera a buscar el buque que le llevase a través del océano al punto en donde pudiera reunirse con su amo?. ¿Fue el tipo de carga que llevaba el Hanley y algunos otros signos los que le dieron a entender que llevaría la misma ruta de su propio barco? ¿Se apegó instintivamente al oficial que llevaba en la nueva nave las mismas obligaciones de su amo en la otra?.
Cualquier tentativa para contestar a estas preguntas sería sólo una conjetura de seres humanos, que no saben nada más que lo que pasó.
Nota del editor.
Esta narración fue escrita por el Marino y Escritor Kenneth Dodson en 1954, sobre una historia verídica ocurrida en 1922. Dodson se entevistó con las tripulaciones de los barcos Hanley y Simaloer, quienes confirmaron este notable hecho.
La historia de Héctor fue leida ya en la post-guerra, por millones de personas, publicada en una novela de Dodson, y a través de "The Christian Science Moniitor", The Reader´s Digest" y otras publicaciones en Canadá, Estados Unidos y Europa.
Kenneth Dodson, hijo de misioneros norteamericanos, nació en Luanda, Angola, el 11 de Octubre de 1907, y murió el 4 de Mayo de 1999 a los 91 años en Stanwood.WA. Dodoson fuera de ser marino mercante y escritor, también perteneció a la Armada de los Estados Unidos, desempeñándose en la II Guerra Mundial como Capitán de Corbeta, y siendo condecorado como Héroe. Su historia de "Héctor", así como otros relatos de sus viviencias en el conflicto bélico, fueron llevados al cine por Walt Disney.
Fuente: Centro de Documentación. Santiago Ferreiro Merino
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