viernes, 26 de noviembre de 2010

El lazarillo del Tapir

Sentado cerca de la fogata de aquel campamento de la Columbia Británica, miraba distraidamente hacia un paraje muy batido por los cazadores, cuando vi avanzar un tapir con su cría. Esta, que iba delante, se detuvo no bien advirtió la fogata. La madre tomó el viento; pero como soplaba  de ella hacia mí, no me sintió. Avanzó hasta colocarse delante de la cría, y volviendo a olfatear, con recelosa insistencia. Estando así la madre, como si dudara hacia donde echar, empezó a apretársele contra el pecho. La madre fue volviéndose, al cabo, muy despacio, mientras la cría continuaba urgiéndola.

Todo esto picó mi curiosidad. Reparé en la tapìr con más cuidado. Tenía la crín y el lomo grises, y el resto del cuerpo de un gris negruzco. De pronto adevertí algo qie me enterneció y me hizo alegrarme de que el pobre animal anduviese con un hijuelo tan listo. Aquella tapir tenía, en vez de ojos, dos manchas blanquecinas. ¡Era completamente ciega!.

                                                        Richard Landry - 1944

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