jueves, 25 de abril de 2013

La fiesta de los Toros en la Monarquía y sus tristes verdades

El sentimiento de repulsa contra las corridas de toros que mostró Isabel La Católica, sucedió otro de afección hacia los mismos por parte de los Austrias.

Isabel La Católica

El Emperador Carlos I. Don Juan de Austria y Felipe IV, se preciaron de saber alancear toros, Felipe II interpuso toda su influencia para dejar sin efecto la bula del Papa San Pío V por la que se excomulgaba a los que autorizaran la fiesta, y se negaba sepultura cristiana a los lidiadores muertos en el ruedo.

Los Borbones constituyeron una dinastía antitaurina. Felipe V mostró su desagrado contra la lidia a caballo, lo que determinó el que los caballeros cedieran el ruedo a los lidiadores del pueblo. Fernando VI en 1754, Carlos III en 1788 y Carlos IV en 1803 prohibieron las corridas.

El tornadizo Fernando VII prohibió las corridas en 1814, para volver de su acuerdo al año siguiente. Fue obra de este monarca al final de su reinado el Real Colegio de Tauromaquia de Sevilla que cerró sus puertas al poco tiempo de abrirlas, y ello por enérgica decisión de la Reina Regente Doña María Cristina de Borbón.

Santiago Esteras Gil / Pregon

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